Etimológicamente, la palabra seguro tiene su origen en la lengua latín, procede de securus, secura, securum, cuyos significados es básicamente tranquilo, tranquilidad. La palabra “seguro” es un adjetivo que está formado por el prefijo se, que indica separación y la raíz del sustantivo cura, curae: cuidado, preocupación, inquietud, ocupación. Se alude por tanto con esta palabra (seguro) a aquello que está alejado de cuidados y preocupaciones, fuera de peligro. Por su parte, la edición actual (22.ª, publicada en 2001) del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), sobre la palabra “seguro”, en su acepción número 11 señala lo siguiente: “m. Der. Contrato por el que alguien se obliga mediante el cobro de una prima a indemnizar el daño producido a otra persona, o a satisfacerle un capital, una renta u otras prestaciones convenidas.”

Desde un punto de vista matemático, el seguro es básicamente un instrumento social que intenta transformar los riesgos a los que estamos sometidos todas las personas, en probabilidades, de forma tal, en caso de ocurrir un incidente, siniestro o accidente, hacer más soportable dicha situación,  a través de una organización conformada para tal fin, para distribuir la carga económica entre muchos en vez de solamente la(s) persona(s) afectada(s). El seguro supone por tanto, una transferencia a dicha organización, del proceso de asumir los riesgos, tratando de eliminar algunas de las consecuencias económicas negativas de los siniestros, de forma que el importe de los daños o pérdidas que sufre una parte se distribuyen entre una comunidad de personas que la soporta de forma conjunta, con un efecto mucho menor que si el daño se presentara de forma individual.

El seguro se constituye por tanto, como una pieza básica de la actual estructura de seguridad social de las naciones y/o Estados, siendo una de sus grandes manifestaciones en la sociedad, además de la seguridad pública o social, los seguros privados, que cubren y protegen a las personas o entidades que contrata (un colegio por ejemplo), pudiendo ser de suscripción obligatoria o voluntaria. Ejemplos de seguros privados son los seguros de robo o incendio de un inmueble o los seguros de automóviles o de accidentes de personas. Por supuesto también el seguro escolar, que para los colegios privados es una obligación y para CEIVA además, una necesidad de voluntario cumplimiento y cobertura, dentro de su oferta de servicio integral y formal.

Los seguros se establecen a través de una póliza que es una forma de contrato. El término póliza proviene del italiano: polizza. A su vez este término proviene del griego ἀπόδειξις (apódeiksis) cuyo significado es demostración, prueba, declaración, exposición. Este vocablo griego deriva a su vez del verbo ἀποδείκνυμι (apodeíknymi), que significa yo manifiesto, demuestro, pruebo, muestro mediante argumentos, muestro usando la palabra. El contrato de seguro es aquel por el que el asegurador se obliga, mediante el cobro de una prima y para el caso de que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura a indemnizar, dentro de los límites pactados, el daño producido al asegurado o a satisfacer un capital, una renta u otras prestaciones convenidas. El contratante o tomador del seguro, que puede coincidir o no con el asegurado, por su parte, se obliga a efectuar el pago de esa prima, a cambio de la cobertura otorgada por el asegurador, la cual le evita afrontar un perjuicio económico mayor, en caso de que el siniestro se produzca. Por tanto, para los seguros, aplica fielmente esa frase publicitaria de: “es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo.” Nosotros lo tenemos, esperamos que ustedes nunca lo necesiten, pero siempre podrán contar con él.